Michael Bay y el exceso cinematográfico: Transformers 2

Publicado por Iván Alonso, el jueves 25 de junio de 2009

Sobrepuesto ya del visionado de Transformers 2 (ayer noche), ahora estoy capacitado para escribir mis primeras impresiones…

Es la barbaridad más desquiciantemente exagerada que se ha rodado jamás. Dos horas y media de tiros, explosiones, contrapicados a contraluz, primeros planos de Megan Fox, travellings constantes en todos y cada uno de los planos de la película… Creo que, al menos en una decena de escenas, Bay utiliza su recurso mágico de la cámara dando vueltas alrededor del personaje.

Tiene tanto de todo que, cuando la película termina, ya ni recuerdas lo que había sucedido en la primera media hora de metraje, cuando ya había tiros y explosiones. La escala de todo lo que sucede es tan grande que es inabarcable. La destrucción que se lleva a cabo es inimaginable, desde el primer minuto. Hay más robots, más transformaciones, más ruiditos de robot constantes, más persecuciones, kilómetros y kilómetros corriendo, huyendo, disparando, subiendo a un coche y acelerando, bajándose del coche y corriendo más… Es el epítome del exceso cinematográfico.

No es posible llevar este género más lejos, a menos que incluyas guerras nucleares y destruyas planetas con una Estrella de la Muerte, pero como esos recursos suelen dejarse para el dramatismo y no la acción, es lo mismo que decir que no se puede llevar el género de la acción más lejos que esto.

Por supuesto, me ha encantado, y soy plenamente consciente de que seré de los pocos en decir que es una grandísima película, si sabes qué es lo que has ido a ver y cual es el objetivo de Michael Bay.

Me atrevo a decir más: dentro de diez años esta película se seguirá reseñando cuando se referencie el momento en que el cine se pasó de rosca, como el primero de una nueva hornada de largometrajes de destrucción. Como Twister dando paso a las películas de catástrofes naturales, Transformers 2 va a abrir paso a los excesos más innombrables. Y si no al tiempo.